miércoles, marzo 21, 2007

Magia en la cocina

Desayuné con Archie y con mi tía. Estaban sorprendidos de que hubiera pasado ahí la noche y les mentí, diciendo que tuve que trabajar hasta tarde. Mi tía sugirió que involucrara más a Archie en los asuntos de la familia, lo cual no me parece mala idea. Después de todo, una tercera parte de los bienes que administro pertenecen a su madre, quien por cierto está por llegar.

Durante el día estuve pensando si ir o no al Hogar de Pony a visitar a Candy. Pensaba que ella era quien debería ir a verme, pero no tiene los medios para ello... aunque siempre se las ingenia para ir y venir, como demostró ayer llevando a Mae hasta mi casa. Por otro lado, si la iba a ver inmediatamente despues de la visita de Mae pensaría que quiero una respuesta cuanto antes...

Al final me decidí por salir temprano del trabajo e ir a visitarla después de cenar. Pero cuando llegué a Lakewood, Candy me estaba esperando al lado del cancel de las rosas.

" Candy!" -la llamé y corrí hacia ella- "¡que bueno que hayas venido a verme!"

Ella estaba sonrojada, pero sonriente. "Tenía que venir, no deseaba que pensaras que sigo enojada contigo". ¡Qué palabras más lindas!

"Candy, espero que la visita de Mae el dia de ayer no te haya importunado".

" En absoluto! " dijo con una sonrisa. "Por fin pude conversar a gusto con ella y descubrir que efectivamente es una persona muy agradable. Además, me dijo cosas que me hicieron pensar mucho..."

Sentí enrojecer, pues recordé que Mae le dijo que yo seguía enamorado de ella. Quise cambiar de tema:

"Vamos adentro, Candy. ¿Quieres quedarte a cenar? Podríamos preparar algo juntos... "

"¡Albert!"- me interrumpió. "¿De verdad esperas que yo te ayude a cocinar?"

"Perdona, Candy, no se si recuerdes que no tengo cocinera, tan solo una mucama". Pero ella reía a pirena suelta.

"Lo sé muy bien, Albert, eres tú quien ya olvidó lo mal que cocino", dijo riendo.

"No lo olvido Candy, pero tampoco olvido lo lindo que era compartir todo contigo". Ella sonrió y dijo que me ayudaría en lo que pudiera. Al final acordamos que ella solo prepararía una ensalada y yo cocinaría lo demás.

Fue una cena tan agradable... Hacía mucho tiempo que no cenábamos juntos, desde que ella regresó al hogar de Pony. Durante la cena, hablamos de aquella vez que fui a la colina de Pony con mi traje escocés, cuando ella era niña. Parece increíble que no hayamos hablado de ello antes. Aunque es lógico, si consideramos los enormes malentendidos que surgieron entre nosotros cuando ella por fin supo la verdad.

"Recuerdo algunas cosas de ese día. La tía Elroy habia organizado algún evento en Lakewood y me obligó a vestir el tartán de la familia. Yo tenía diecisiete años y muy pocas ganas de andar por ahí vestido de escocés. Salimos a montar con algunos de los invitados pero yo me alejé del grupo. Cuando por fin los perdí a todos de vista, até mi caballo para que descansara y subí a la colina, sin saber que ahí encontraría a una niña llorando... "

"Lo recuerdo bien. Yo lloraba porque Annie ya no quería ser mi amiga. ¿Porqué te fuiste tan rápido? Ni siquiera pude preguntarte tu nombre".

"Bueno, como recordarás, toqué la gaita para ti, pero inmediatamente me arrepentí, pues con ello acababa de delatar mi posición al resto del grupo, ¡y yo no quería que me encontraran! Quise despedirme cuanto antes, pero tú te habías echado a correr... ¿lo recuerdas?"

"Fue por el viento, que se llevó la carta de Annie... cuando la recuperé ya te habías ido y no habías dejado más que tu medallón". Y al decirlo, mostró el medallón que aún llevaba al cuello.

"Mi tía se molestó mucho cuando le dije que lo había perdido. Pero en realidad lo dejé para ti. No pensé que lo fueras a conservar tanto tiempo".

Candy, pensativa, prosiguió preguntando: "Y en aquella ocasión, años más tarde, en que me sacaste del río, ¿me reconociste?"

"No de inmediato. Pero durante esos dias que te quedaste a vivir conmigo en la casa del bosque me preguntaba por qué tu rostro me parecia familiar... Aún asi no até los cabos hasta que tuve que firmar tus documentos de adopción. Al saber la ubicación del hogar de Pony no me cupo la menor duda. Pensaba contártelo algun dia, pero me daba vergüenza".

Sorprendida, Candy preguntó: "¿Por qué, Albert? Sabes que yo tenía muchas ganas de saber quién era ese chico."

Suspiré, sintiéndome un poco incómodo, y continué: "Porque lo habias idealizado, hablabas de él como un príncipe de un cuento... contarte la verdad era como romper el encanto".

Ella me miró tiernamente y dijo, muy bajito: "Todo lo contrario Albert, siempre me fuiste para mí el caballero mas noble, dulce y protector del mundo, como te imaginé de niña. Si hay alguien que me haya tratado siempre como una princesa, ése eres tú... Me has acompañado cada vez que he estado en apuros o pasando por un mal momento. Siempre te preocupaste por mi bienestar, cuidándome de lejos, aún cuando yo no tenía ni idea de tu identidad. Ese día que tocaste la gaita para mí, yo estaba triste, pero me hiciste sonreir... y así ha sido siempre. Aún me haces sonreír, Albert, el encanto no se ha roto..."

Sus ojos brillaban al hablar y yo estaba enternecido, deseoso de que continuara. Pero entonces ella se sonrojó y no dijo más. ¿Esperaba que yo dijera algo? Pasaron unos segundos de incómodo silencio sin que yo supiera qué decir, cuando de pronto Candy se puso de pie y empezó a recoger la mesa. En silencio, la imité. Candy automáticamente empezó a lavar los platos y yo a secarlos... sin necesidad de decir nada, como cuando vivíamos juntos.

Las dulces palabras de Candy seguían resonando en mi cabeza. ¿Eran una confesión de amor? No exactamente, aunque yo en ese momento deseaba apretarla muy fuerte entre mis brazos, llenarla de besos y decirle tantas cosas lindas al oído. Pero no quería correr el riesgo de asustarla. Decidí reanudar la conversación, pero por terrenos más tranquilos.

"Cuéntame, Candy, de qué que estuvieron hablando ayer tú y Mae?", pregunté.

"De muchas cosas. Hablamos del Hospital Santa Juana y el Dr. Leonard, tambien hablamos de la clínica en Rhodesia donde ella estuvo trabajando... ¿Sabes que tiene un novio en Sudáfrica?"

"Sí, me lo había dicho. Pronto vendrá a América y se van a casar."

"Albert, debiste decírmelo. Me habrías evitado los celos..." Y al finalizar la frasé su rostro enrojeció.

Casi se me cae el plato que estaba secando cuando la oí decir eso. Que estúpido. Jamas se me pasó por la
cabeza que Candy pudiera sentir celos por mí. Pero de pronto podía entender su inicial fastidio con Mae. Concentrado en mis propias inseguridades, no supe adivinar las inseguridades y suposiciones de ella.

"¿Celos? ¿Estabas celosa de Mae?", dije incrédulo mientras pensaba en todo lo que eso implicaba.

Candy se giró hacia mí, tímidamente, y fijó en mí sus hermosos ojos verdes.

"Sí, pero ya no lo estoy Albert, pues sé que mis celos no tenían fundamento".

"Candy.... no pensé.... no pensé ...." Iba a decir "no pense que me amaras", pero las palabras no salían de mi garganta.

Se me acercó, muy despacito, y retiró de mis manos el plato que estaba secando mientras me decía: "No pensaste que te amara, verdad?"

Yo, temblando, solo negué con la cabeza. Ella me abrazó y apoyó su cabeza en mi hombro.

" Yo tampoco lo pensaba, pero ahora sé que te amo".

Es imposible describir la dicha y la emoción de ese momento: sentir a Candy entre mis brazos, mis manos en su cintura, la cercanía de su rostro... y sobretodo, sentir su cariño por mí. Me costó mucho controlar mis deseos de demostrarle a su vez la fuerza de mis sentimientos y abrazarla con toda el alma. Pero despacio, y con mucho cuidado, besé su frente. Al alzar ella su rostro, besé también sus labios, como aquella vez en la colina, pero sin prisa, ni miedo, ni vergüenzas. Y al separarnos, ella sonrió, y volvió a abrazarme muy fuerte.

¿Cuántas veces he tenido a Candy entre mis brazos? Me vino de golpe el recuerdo de la frustración que sentía cada vez que ella venía a mí buscando un abrazo de amigo o hermano. Pero aquí estábamos, tras una confesión de amor y un largo beso, tan cerca uno del otro que sentía el corazón de Candy latiendo al ritmo del mío. Se me hizo un nudo en la garganta y apenas podía contener mis lágrimas. Ella debió darse cuenta, porque con un hilo de voz comenzó a bromear:

"La cocina es menos romántica que la colina de Pony, ¿no te parece?", dijo Candy.

"No, Candy. No niego que fue hermoso besarte en la colina, bajo el padre árbol.... pero me dejaste tan confundido que prefiero mil veces besarte en la cocina, sabiendo que me amas", le respondí.

Ella rió, con esa risa hermosa que siempre me pone de buen humor. Yo deseaba besarla de nuevo, pero ella continuó diciendo: "Fui una tonta, Albert, perdóname. Mis sentimientos por ti habían cambiado mucho antes, pero no me atrevía a reconocerlo..."

"Fui yo quien escogió un mal momento, Candy" - la interrumpí. "No debí besarte sin estar seguro de lo que tú sentías por mí, y menos ese día que por fin volvías a casa con tus queridas maestras, y que tenías otras cosas en mente".

"Albert, ese beso fue lo más hermoso de ese día. Eso y la emoción de descubrir que eras ese muchacho cuya identidad tanto me intrigaba... Fue tu carta, en la que deseabas ser sólo mi amigo, la que lo echó todo a perder..."

"Uf, ¡pues la tuya ni te cuento!", le dije yo riendo.

"Ya no recuerdo lo que te escribí... sólo recuerdo que estaba muy frustrada porque, después de besarme, no te interesaba más que mi amistad". Vi un poco de tristeza en sus ojos, y la abracé más fuerte.

"Princesa, no hablemos más de cartas, ni de malentendidos. Yo no quería presionarte, y solo logré hacerte enojar. Pero te amo, ¿lo sabes?"

Ella se paró de puntas y me besó en la mejilla. "Yo también te amo, y prometo no volver a escribirte notas cuando esté enojada".

Nos abrazamos y nos besamos de nuevo. ¿Cuánto tiempo habremos estado ahí, sin movernos del lavadero? Teníamos toda una mansión llena de lujos y jardines bellos donde declararnos nuestro amor, pero seguimos ahí, en la cocina, hasta que caí en cuenta de que era tarde y que Candy tendría que volver al hogar de Pony. Sus madres podrían hacernos muchas preguntas si nos demorábamos mucho más... y yo no podría ocultar mi turbación, mis sentimientos, emociones y sensaciones que estaban demasiado a flor de piel.

"Más vale que te lleve a casa, ¿no te parece?" En verdad era tarde, pero Candy parecía no tener prisa por volver.

Había miles de estrellas, la noche era cálida y yo estaba feliz de saber que por fin todo estaba bien entre nosotros. Cuando llegamos salió la Señorita Pony a la puerta. No pude despedirme de Candy con un beso pero ¿qué me importa? Tenemos todo el tiempo del mundo y, más importante, nos tenemos el uno al otro.

Por Pioggia y Elena

9 comentarios:

Princess Airin dijo...

Ay dios mio-... mi corazón late de la alegría de leer esto, y de lo mucho que deseo tener esto en mi vida.

Nenitas, ustedes son magnificas!

Anónimo dijo...

Que maravilla!!!! chicas porfavor sigan escribiendo. Uds. son increibles!!

Camila Torres dijo...

Si.... si que emoción. Porfavorcontinuen la historia que tengo el corazón en la mano.

Gracias.

Anónimo dijo...

qué lindo, qué lindo qué lindo... Albert es genial!!! este diario es hermoso!!!!

Anónimo dijo...

estuvo hermoso. hemisisimo :D

Tingalina dijo...

Me han dejado sin palabras! No se como di con su blog, pero ya soy su fan # 1.

Virgen Canul dijo...

Me encanto, de casualidad encontré el bolg, y ya soy fan, muchas felicidades

spidernena dijo...

awww cosita este es mi entrada favorita la he leido y releido y la tengo en marcadores... adoro a mi Abert bello y quien fuera Candy. Vi la serie cuando tenía 11 años y desde entonces pensé que el cariño entre ellos no era solo fraternal, al ver el final del anime era Territana y era de las que odiaba a misuki por la separación pero lo curioso es que le reprochaba más el que Candy se hubiera quedado con el Principe de la Colina, por que, sí, siendo Terrytana reconocía que Albert es un personaje maravilloso y para mi el final del anime no estaba inconcluso yo di por hecho a mis 11 años que ellos (Bert y Candy) se habían quedado juntos, nunca pensé en que no podría ser por ser su tutor, padre adoptivo o lo que sea.. después a los 17 años casi 18 es decir como 7 años después llegó a mi el manga y perdone a Misuki y entendí que no pudo tener mejor galán Candy me enamoré de Albert y desde entonces y a mis casi 34 años sigo pensando que la historia de amor entre Albert y Candy es única, la forma en la que describes las emociones y pensamientos de ambos me encantan van mucho con el estilo y personalidad del personaje.

alexia dijo...

Que hermoso realmente estoy facinada con estos escritos . Amo a Albert