miércoles, febrero 07, 2007

La guerra y los Andrew


Hojeando este diario, me doy cuenta de lo mucho que he cambiado desde que lo inicié. No sólo porque en aquél entonces yo ignoraba mi pasado, sino porque no tenía tantas responsabilidades y preocupaciones. Recuerdo la desesperación que sentía al no recordar quien era, y ahora me parece que no disfruté debidamente de esos momentos de ignorancia.

De momento la familia entera se vuelve a mí buscando consejo. Mi tía ya no puede llevar la batuta como antes, pues la muerte de Stear la ha hecho envejecer aún más. Y yo no tengo la experiencia suficiente para saber qué puede ser lo más conveniente, sobretodo en estos tiempos de guerra e incertidumbre. Sudáfrica ha enviado tropas a los territorios alemanes en África de Oeste. Varios de los amigos que tuve cuando estuve ahí fueron reclutados. En Arabia, independientemente de la guerra en Europa, el rey está conquistando cada vez más territorios e imponiendo la ley islámica. Los padres de Archie desean volver a América, pero es mal momento para abandonar los negocios de la zona: la guerra hará que aumente aún más la demanda de petróleo. De hecho, los ingleses han ocupado la Mesopotamia precisamente para asegurarse de su propio suministro. Me duele pensar en todos nuestros empleados en Arabia. Y más me pesa saber que el futuro de mi familia en todos los aspectos está en mis manos.

Lo más asqueroso de todo esto es que la guerra nos está haciendo aún más ricos de lo que ya éramos. El hundimiento del Lusitania fue una simple advertencia para los hombres de negocios de Estados Unidos, pero muchos inocentes perdieron la vida. La versión oficial sigue siendo que se trataba sólo de un barco de pasajeros y que los alemanes cometieron un error.

Y yo, leyendo y releyendo todo esto, trato de conservar la cabeza fría para decidir qué es lo mejor para nuestros accionistas, nuestros empleados y para toda la familia, sin contar con el consejo o el apoyo de nadie. Quisiera que Candy regresara conmigo a Lakewood. En realidad, quisiera huir con ella y desaparecer no sé dónde. Me conformaría con poder conversar con ella como antes, cuando yo era un don nadie y ella mi enfermera. Necesito verla y tratar de recuperar nuestra amistad, pero no sé por dónde empezar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola!
me encanta tu manera de escribir y sobre todo parece que le estas leyendo los pensamientos a Albert. Cuando citaste "Lo más asqueroso de todo esto es que la guerra nos está haciendo aún más ricos de lo que ya éramos." Yo tambien lo habia pensado, ya que esta es una indudable consequencia de la relación entre la guerra y los bancos. Te felicito! tu escribes maravilloso!! *Abrazos

Anónimo dijo...

FELICIADADES!!
ME ENCANTA :)